Mitos y Tabúes Transformados en Ciencia

Es asombroso y muy alarmante que científicos de la salud de nuestro país continuemos reforzando los mitos y tabúes alimentarios de nuestra población. Esto profundiza la desinformación y fomenta los hábitos  inapropiados de alimentación.
Además de la inseguridad alimentaria (bajos ingresos y productividad, cosechas perdidas y otros agravantes).  Donde alimentos cultivados en el patio, en el huerto y en la parcela son a veces menospreciados y hasta vendidos para comprar otros con inferior calidad nutricional que los tradicionales.

Así es que,  vendemos los mangos (ricos en vitaminas A y C) para comprar bebidas de cola (agua de azúcar) para dárselas a los enfermos que requieren mayor cantidad de estas vitaminas para recuperarse.

De los treinta y dos alimentos recomendados de nuestra canasta básica once han dejado de consumirse y en cambio, las bebidas gaseosas ya forman parte del patrón alimentario nicaragüense. Cada cien kcalorías producidas por la leche (entera sin pasteurizar) cuestan seis centavos de Dólar, las cien kcalorías producidas por la gaseosa cuestan catorce centavos de  Dólar, o sea, más del doble que las de leche de  vaca. Según el Ministro del Magfor por cada cien litros de gaseosas que bebemos, sólo nos tomamos ocho litros de leche.  Así promovemos la anemia y la obesidad, también derrochamos el dinero.

Médicos de nuestros hospitales generales (HEODRA, por ejemplo) con diversas especialidades (ortopedistas, pediatras, etc) cuando atienden a la niñez o a personas adultas con daños por quemaduras, fracturas o heridas les recomiendan suprimir el huevo de su alimentación, so pena de sufrir graves complicaciones.

Hablamos de mensajes dirigidos a población de escasos recursos, rural, cuya única fuente de proteína animal puede ser el huevo. O sea que el personal de salud ha asimilado los tabúes de la población como verdades, y sin un análisis, ni comprobación científica,  los está devolviendo como verdades a los consumidores pobres.

Y viceversa, la población está aprehendiendo los mitos creados por el personal de salud sobre productos que fueron introducidos en los últimos años por la industria transnacional con grandes campañas publicitarias.  Es el caso de PediaSure, una fórmula cuya proteína es obtenida del suero de la leche de vaca, cuya grasa es obtenida de la soya y le ha sido quitado el azúcar natural que contenía esta leche de vaca para sustituirla por azúcar de caña.  O sea, es un tipo de leche sin lactosa, indicada para personas con intolerancia a la lactosa, nada más.  No posee ninguna cualidad especial para curar a personas desnutridas, con daño cerebral ni otras enfermedades.  A diario vemos en la TV, madres pobres solicitando ayuda para comprar este producto enlatado, recetado por pediatras y nutricionistas como un elemento mágico que cura todos los males de la niñez. Esto trae graves consecuencias económicas, culturales, nutricionales y hasta medioambientales a un país como el nuestro, el segundo más pobre del continente.

El personal de salud formado en nuestras universidades está actuando más como un robot que como un científico.  Hay un vacío en su formación académica que no le permite analizar objetivamente cada producto nuevo que le lleva el visitador médico.  Sería oportuno que las escuelas formadoras de recursos humanos en salud y nutrición, enseñen a sus estudiantes los mitos y tabúes perjudiciales para que, con bases científicas, la/os futura/os técnica/os y profesionales sean capaces de desvirturarlos y convertirlos en mensajes verdaderos que fomenten prácticas mejoradas de alimentación.

Médicos y nutricionistas deberíamos ser capaces de analizar la composición y calidad de cada nuevo producto de la industria. De utilizar la información científica. De poder descubrir la publicidad engañosa dirigida especialmente a países subdesarrollados. Si  médicos y nutricionistas seguimos actuando como subdesarrollados, continuaremos siendo tratados como personal de salud subdesarrollado. Dejemos de crear mitos y de transmitirlos. Desvirtuemos los tabúes. Apliquemos el conocimiento científico a nuestra realidad.

*Pediatra, Máster en Nutrición y Seguridad Alimentaria.

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