Los demonios de El Cortezal

Petronila Terán 18/05/2017

Fotografías y entrevistas publicadas en los medios nacionales del pastor Rocha, de sus padres, sobrinos e hijos muestran el drama que se vive en la comunidad El Cortezal, del municipio de Rosita, RACCN.

En base a tales fotografías podemos sospechar que hay al menos unos tres demonios sueltos asentados en esa zona.

El primer demonio, el de la inseguridad alimentaria y nutricional —para no decir el demonio del hambre—. Adultos lucen con secuelas de la desnutrición crónica sufrida en la infancia: baja talla, lenguaje muy pobre, niñez luce afectada en su salud y bienestar. Es muy dudoso que con los medios de vida que poseen puedan llenar los requerimientos mínimos de energía y proteínas con su alimentación cotidiana. Su vestuario y viviendas nos han mostrado al desnudo las condiciones deplorables de hacinamiento e insalubridad, asimismo sugerentes de inacceso al agua segura y al saneamiento básico.

El segundo demonio podría ser el de la ignorancia. Parece que su nivel de escolaridad solo les está dando la posibilidad de leer los mensajes de sectas religiosas.

El tercer demonio, el del fanatismo pseudorreligioso. Al parecer lo único que puede aglutinarlos socialmente. El reciente retiro forzado de un niño del hospital de Rosita por su padre y un grupo de evangélicos para sacarle los demonios (LA PRENSA, Managua, 15/5/17) nos está mostrando que posiblemente las creencias sobre las posesiones diabólicas y sobre sus propias capacidades como exorcistas calificados estén diseminadas a otras comunidades más allá de El Cortezal. Ellos están prestos a responder ante las manifestación de cualquier enfermedad mental como en el caso de Vilma Trujillo o física como la anemia severa con plaquetas bajas de este niño —o tal vez una leucemia—.

Ya que en la historia de la humanidad se legalizaron instituciones como la Santa Inquisición creada en Europa para exterminar a los herejes y castigar a  “las brujas poseídas por el diablo”, es posible que en la actualidad surjan agrupaciones con tendencias  inquisitorias para sacar demonios mediante torturas y la muerte a través del fuego. Con creencias tan irracionales como la posibilidad de matar un demonio que se supone es un ser inmortal resistente al fuego, ya que el fuego del infierno es su hábitat natural. O sea, que en nuestro país tenemos grupos viviendo en condiciones propias de la edad media o más atrás aun en el tiempo, en el sentido religioso, moral, espiritual. Grupos fanáticos que se someten a periodos de ayuno y desvelo continuos y prolongados, una combinación letal de factores capaces de provocar alucinaciones, que ellos interpretan como “revelaciones divinas” que les ordenan sacar a los demonios quemando vivos a los enfermos.

En la zona de Rosita, sus comarcas y comunidades dispersas se necesitan varios tipos de exorcistas que hemos de tener disponibles en Nicaragua y muy calificados, como los son técnicos y profesionales de la educación, de la salud, de la nutrición, de la agronomía, de la antropología social, de la sociología rural, de la economía, de la psicología, de la teología… Estos exorcistas, trabajadores en diversas instituciones del Estado, docentes de universidades y científicos independientes, podrían formar una gran Comisión Interventora Nacional capaz de elaborar un diagnóstico rápido de la situación alimentario-nutricional, social, económica, productiva, emocional, espiritual, de los comunitarios de la zona y con ese diagnóstico iniciar de manera urgente el proceso de exorcismo de por lo menos estos tres demonios.  Si no lo hacemos los nicaragüenses, lo harán exorcistas extranjeros. Ojalá que el martirio de Vilma Trujillo, quien no resucitó a como lo había predicho el pastor Rocha, sirva para actuar de manera compasiva y con amor al prójimo en la comunidad de El Cortezal y sectores aledaños.

La autora es médico Pediatra, Master en Nutrición y Seguridad Alimentaria.

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